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octubre 12, 2011

Un hombre y una historia



Había una vez un hombre. Bueno, en realidad no era "una vez", más bien eran muchas veces, tantas como los días de su vida. El asunto de "hombre" también es dudoso, explicaré: al despertar era un perezoso, así se arreglaba y desayunaba, luego era una tortuga caminando para esperar el camión, se subía a este y se volvía una sardina, después se transformaba en vaca (como rumbo al matadero), llegaba por fin al trabajo, donde era una mula, al concluir sudaba como cerdo. Tenía ciertas aspiraciones, estudiaba por las noches, pero en la escuela todos le decían que era un burro. El día y los días así se terminaban, regresaba a casa y dormía como un oso que invernaba, en ese estado soñaba… ¡soñaba como un hombre! entonces sí era un hombre, supongo. Aclarando esto prosigo con la historia, Había una vez, que eran muchas veces, un hombre, que sí era un hombre, pero sólo lo era cuando no estaba consciente de serlo.
Fin.

junio 17, 2011

Cosas de la vida


La noche era oscura y silenciosa, ideal para que la magia se hiciera presente.

En la calle “Allende” todos estaban bien dormidos, era muy tarde ya. La habitación del pequeño Paco, era al igual que él, pequeña, pero llena de comodidades. En su cama roncaba muy mono el niño mientras abrazaba la almohada que estaba algo húmeda, pues Paco babeaba en las noches. Sus sueños no los sabremos jamás. No importa sin embargo, lo que soñaba esa noche, pues fuera lo que sea, duró muy poco.

Todo comenzó por la ventana, por ella, algo extraño ingresó al cuarto de Paco, un tipo de luciérnaga, que voló sondeando todos los rincones de la habitación, cuando estuvo en frente del niño, empezó a crecer y crecer hasta formar la imagen de una persona, una mujer para ser exacto, por fin Paco se despertó. Asustado preguntó al ser que tenía en frente, quién era y qué quería. Ella sonrío y le reveló el secreto “soy tu hada madrina, y esta noche mágica te concederé un deseo”, el niño sin pensarlo dos veces y sin dudar de lo que le acontecía – había leído tantos cuentos que estaba seguro de la existencia de las hadas que cumplen deseos – gritó con todas sus fuerzas: ¡quiero ser un títere de madera!

enero 08, 2010

"Yo quiero ser famoso"






"yo estoy muy bien, ¿y tú cómo estás?
En todo momento pienso en ti.
Me preguntaste qué quiero ser... y la respuesta vas a tener"


Desde tiempos inmemorables el hombre, en su afán de comprenderse y hacerlo como algo estable y que le brinde cierto prestigio, se ha definido a razón de su labor, de aquello que hace, es decir de su profesión. Esto me parece que mutila en cierto sentido la quididad de hombre, sin embargo alejándonos de la metafísica, y tomamos dicho aspecto, es decir tal acción, como aquello que se ama, y que precisamente lo dignifica, se podría, entonces, englobar al hombre en su trabajo. Pero me cuestiono qué es lo que el hombre quiere, es decir, todo el rodeo inicial podría sintetizarse en lo mencionado por Aristóteles acerca de algunos accidentes del ser… por ejemplo el hombre que es músico, pero se dice solamente “músico”, no porque éste sujeto sea musical; sino que conoce el arte de producir o crear música, esta creación o accidente que lo hace ser, o mejor dicho conocerlo como, es propiamente una manifestación del ser, primero se es y luego se actúa, además que dicho acto nace de su voluntad, así pues, un veterinario cuenta con una empatía con los animales, reconoce la necesidad de velar por la salud de ellos y, lo más importante, esta actividad por el simple hecho de realizarla le satisface. En conclusión, la profesión es expresada de la conciencia de sí mismo, de tal forma puede ser una extensión del ser y tomarse en lugar del ser. ¿Pero qué sucede si no se tiene esta autoconciencia?; en primer lugar se hablaría de un desplazamiento de la conciencia, o mejor dicho una negación de ella, al sujeto que describimos más atrás (que cuenta con una empatía con los animales, reconoce la necesidad de velar por la salud de ellos y, lo más importante, esta actividad por el simple hecho de realizarla le satisface) dejaría a un lado todo esto y se encaminaría por otra carrera, por lo general esta elección es atendiendo otras necesidades, como el factor económico o social, esto concluye con una insatisfacción en el desempeño laboral. Peor aún cuando tal acción es la base para concientizarse de sí mismo [yo no hago música, la música me hace], el presente discurso se dirige, entonces, a la falta de auto-reconocimiento, la necesidad de comprendernos, aun presente en el hombre, le lleva a tomar elementos ya no en él que lo reconozca, saberse cómo algo… aquí la pregunta que más me mueve es si podría haber una ausencia tal de conciencia, que se pierda el amor a la creación de algo, es decir no importa lo que se haga, siempre y cuando se tenga el reconocimiento del otro el cual me defina: no quiero hacer música, no quiero sanar animales; no quiero ser músico ni veterinario... quiero ser reconocido, yo quiero ser famoso ¿qué tengo que hacer para serlo?


diciembre 23, 2009

nueva moda de primavera-verano: el suicidio






Cómo podría hablar yo sobre el suicidio, viendo a este como un problema social, es decir, siempre que he pensado en él, se presenta para mí solo, tenemos conversaciones íntimas, después nos despedimos y cada quien se va por su lado. Es sólo una visita de revista, como la que hace el carcelero al preso para verificar que aún cumple su condena. En fin, qué podría decir yo, sin embargo algo me ha invadido, la noticia que invierno ya no es la época principal para dicho suceso. Pero, por qué. En mi opinión, la temporada decembrina parecía idónea para acabar con la vida, digo, el ambiente envuelve al hombre con la melancolía, lo qua deriva en una gran depresión, es necesario precisar la necesidad de compañía en tales momentos, es decir, uno de los menguantes de tal sentimiento es la convivencia con otras personas, y con convivencia me refiero a la empatía de la vida entre los seres. En primer lugar el clima frío, dicha inclemencia llama a la unión, y no sólo esa unión informal, sino que se presta a los abrazos, buscar la manera de calentarnos. Otro factor, que también incluye la unión, pero esta se eleva de lo corpóreo a lo espiritual, son las festividades, ya sea navidad, año nuevo y las tradicionales, es decir las ya muy corrompidas, posadas. El caso del año nuevo, que claro, presupone la finalidad del presente año, lleva a los individuos a realizar un análisis de su vida, de los logros hechos, además de proponerse nuevas metas, en fin todo esto que contrae esta temporada, al carecer de ello o tener la idea que se carece, aumenta la desdicha en el hombre a sumo grado para llevarlo al suicidio.
Pero qué ha cambiado para que diciembre y enero hayan perdido el título de los meses del suicidio. Según lo anterior, podemos concluir que es pues la soledad, la falta de unión, el principal motivo de los suicidios invernales. No creo que se haya perdido la repulsión a la soledad en la actualidad, sin embargo sí creo que el nuevo modo de vida prepare y haga normativo el estar solo, es decir se han creado nuevas estrategias para combatirla. Sobre el combate es sencillo explicarlo, la tecnología como el internet, los nuevos sistemas de televisión, juegos electrónicos, lo dicen todo. Pero sobre la adaptación, la normatividad, ya parece ser asunto para socializar, es decir la nueva organización familiar vislumbra a unos hijos más autodependientes, que en ocasiones hasta los padres se encuentran de sobra y la ausencia de ellos en el hogar cada vez es mayor (cuando antes ni siquiera era pensado algún tiempo en el que el niño se encontrará solo en la casa). Si estos lazos se pierden , o mejor dicho nunca se fomentan, su valor no es visto como esencial, así que poco importa verse carente de ello en épocas que así lo demandan, y de hecho también podemos ver a tal demanda como algo ya irrelevante.
Pueden ser estos, indicios del decremento en el índice de suicidios en estas fechas, lo cual parece ser buena noticia, sin embargo al contemplar los datos completos vemos que no es así, puesto que las cifras en general van en aumento. Como se ha dicho, ya no es la melancolía y el sentimiento de soledad lo que mueve a suicidarse, este ha cambiado, pero cuáles son las nuevas preocupaciones. Al parecer en los jóvenes, grupo en el que más suicidios hay, es su mismo entorno, en donde él se desenvuelve, es decir, la escuela, denominada como la responsabilidad de ellos, esto también puede añadirse en el apartado anterior; se aleja de este rol y viene un sentimiento de inutilidad. Pero en este caso la escuela se presenta más como una preocupación, no sólo por sus exigencias académicas, sino también por las fricciones entre compañeros; ahora las principales explicaciones de por qué se recurrió a tal alternativa, son como respuesta a las molestias, insultos y exposiciones humillantes a las que los mismos compañeros los exponen,
Las dos circunstancias mencionadas no son nada alentadoras a mi parecer, el suicidio como lo decía Schopenhauer no es la repulsión a la vida, sino la inconformidad de un tipo de vida. Y si lo que nos importa es la humanidad, por qué el hombre no tiene la capacidad para conformar su vida, esto me suena a un hombre débil y temeroso… y lo peor de todo es que, según lo anterior, a eso que teme y se muestra débil es ante la misma humanidad… lo cual es preocupante, pero no sé, quizá yo esté equivocado. Supongo que ya tengo tema de conversación en la próxima visita de revista del suicidio.