octubre 29, 2011

Te pregunto

Dime mundo si siempre estarás aquí para mí
y si en tu suelo mis penas puedo escribir,
o tendré que elevarme al cielo y hablar con los ángeles al oído;
ciertamente yo conozco el lenguaje divino,
pero mi boca siempre escupe ratas.

octubre 26, 2011

A veces juego que soy inmortal

Si tuviera palabras

Te hablaba,

Pero como no las tengo

Me las invento.

Procuro corromper

Tu misterio

Con miradas

Cristalizadas.

Navegar por puentes

Y alcanzar los cielos,

Clavar en tus dientes

Alguno de mis versos.

A veces juego a que soy eterno,

A veces miento,

Pero esta vez es cierto:

“seguir siendo aunque sea en el infierno”.

No te olvido:

Siempre estás,

Nuca te has ido

(De mi mente jamás).

A veces juego que soy inmortal,

A veces juego

Y nada más

En silencio te quiero invitar


octubre 12, 2011

Un hombre y una historia



Había una vez un hombre. Bueno, en realidad no era "una vez", más bien eran muchas veces, tantas como los días de su vida. El asunto de "hombre" también es dudoso, explicaré: al despertar era un perezoso, así se arreglaba y desayunaba, luego era una tortuga caminando para esperar el camión, se subía a este y se volvía una sardina, después se transformaba en vaca (como rumbo al matadero), llegaba por fin al trabajo, donde era una mula, al concluir sudaba como cerdo. Tenía ciertas aspiraciones, estudiaba por las noches, pero en la escuela todos le decían que era un burro. El día y los días así se terminaban, regresaba a casa y dormía como un oso que invernaba, en ese estado soñaba… ¡soñaba como un hombre! entonces sí era un hombre, supongo. Aclarando esto prosigo con la historia, Había una vez, que eran muchas veces, un hombre, que sí era un hombre, pero sólo lo era cuando no estaba consciente de serlo.
Fin.

septiembre 13, 2011

El ningún lado del corazón



Yo (misteriosamente todos mis escritos comienzan conmigo) entraba a un bar que muchos podían considerar de mala muerte, a mi parecer la muerte es la muerte y el calificativo bueno o malo quedan sobrando. Pedí una cerveza y al beberla observé una chica a medio vestir, es decir provocativamente, estaba sentada al otro lado de la barra, fui con ella y le susurré un poema de los míos en el oído, fue algo así como:

Conozcámonos en serio:

No me muestres tus virtudes que llevas fuera

Ni tus lamentos que guardas dentro

Conozcámonos de otra manera

Conozcámonos en sentido bíblico

Aunque cometamos algún pecado

Y condenemos a la humanidad entera;

Ya tendrán tiempo para salvarse

Ya tendrán tiempo para hacer lo que quieran

Conozcámonos de manera profunda

No como lo que eres

Ni como lo que yo soy ahora

Construyámonos el uno al otro

Seamos creaciones imperfectas

Ella que había escuchado con atención mis palabras y que tenía la piel chinita, ya sea por el viento que se coló por una ventana o por el escalofrío de mi presencia, habló con una sonrisa en su boca: eres un poeta, ¿de quién es eso que me has citado, de Neruda, de Benedetti? No, le respondí yo, es de uno de esos escritores mediocres que se quedan como anónimos, supongo que son unos cobardes.

Ella se mostraba interesada y quería hacerse la importante. Entonces qué, dijo, ¿buscas a la que vuela? Y si no soy yo pierdo el tiempo contigo… será entonces un reto que pienso enfrentar. Yo quedé en silencio, el tiempo no se pierde, pensaba, este es como el aire que nos golpea la cara y luego se aleja, si un día regresa no sabremos que es el mismo aire, así también el tiempo no lo perdemos, lo gastamos y lo vivimos, y si lo volvemos a vivir lo volveremos a gastar sin saber que es el mismo tiempo que ya antes habíamos dejado ir. Ella volvió a insistir ¿buscas a la que vuela? Mi respuesta nuevamente fue negativa, si he de buscar a alguien y a esa le he de poner exigencias, exijo que baile, que se tropiece y se vuelva a levantar, ya sea tarde o temprano.

Ella se levantó bruscamente de su asiento, ¿qué te crees que soy, una mujer ordinaria? ¿Por qué no me exiges virtudes imposibles e inhumanas? me dio una cachetada, luego se fue. Estoy seguro que ella baila, que se ha tropezado y que se ha puesto de pié un millón de veces, estoy más seguro aún, que no vuela ni un mínimo. Terminé de beber mi cerveza y me fui solo. Sólo yo (misteriosamente todos mis escritos terminan conmigo).