abril 14, 2011

El problema filosófico de la silla


“ustedes saben metafísica, pero no son metafísicos”


Al parecer la silla es un objeto que llama enormemente la atención a filósofos. De un momento para acá, a mí las sillas me han dejado de intrigar (filosóficamente hablando), me he de suponer que tal lenguaje no me basta o que la relación profunda – de filósofo y silla – no me es tan personal. Creo que el amor a tal mueble se debe a que es en dónde estos virtuosos del pensamiento reposan su cuerpo para, precisamente, exponer la virtud antes mencionada. Yo por otro lado, me tiro en el pasto o en una nube y desde allí doy creación a mis sueños… de vez en cuando, despierto y camino con las demás personas, entonces también doy a conocer lo que pienso , bien pues aquí haré mención, señores filósofos, sobre la reflexión de la silla, puesto que me es grato hablar con tan distinguidas personas, versaré pues, sobre temas de su interés.

Si digo silla, lo que hago es encerrar un “Algo” bajo un concepto, el cual se encuentra determinado por aquellos que utilizan dicho concepto ¿quiero acaso hablar de conceptos?, por supuesto que no, quiero hablar de ese “Algo”, del cual estoy plenamente seguro que existe, puesto que hablo de él, no se entienda que el discurso da la existencia a ello, sino que ese objeto se encuentra presente en este mundo; lo siento, lo pienso, me afecta, estoy consciente de él, de la misma forma en que usted, hermano, lo siente, lo piensa, lo afecta y está consciente de él. Pero miré, allí viene uno que se sube en ella para alcanzar aquel otro objeto, significa por lo tanto que esta persona que se subió también lo siente, lo piensa, lo afecta y se encuentra consciente del “Algo” del que hablamos, pero no lo usa como nosotros lo usamos ¿ha perdido por lo tanto su existencia? ¿o se ha visto, su misma existencia, disminuida? No lo creo, pues la forma en que se use no modifica en nada al “Algo”. Qué modifica entonces su existencia, ¡su corrupción! claro que no, pues el hecho que se corrompa indica precisamente que existe. A lo mejor somos nosotros quienes por convención le damos tal cualidad, y aquello que nosotros percibimos como evidente no es más que un capricho de nuestra parte, sin embargo, es claro notar que aún dejando fuera los rasgos captados por nuestra capacidad, la silla existe porque se manifiesta ante otros seres con diferentes capacidades a la de nosotros, por ejemplo, una hormiga, que por su pequeño tamaño me supongo que no es capaz de comprender tan objetivamente como nosotros por nuestros sentidos, pues la posición de éste animalito es casi para nada favorable, a pesar de ello la pequeña cambia su ruta horizontal y trepa por una de sus patas, cosa imposible si no estuviera la silla. El que la pensemos tampoco es causa de su existencia, pues a este hombre que se subió le he preguntado si conocía la silla, y no sólo se ha quedado impactado por el término, también parece incapaz de reconocer a la silla como silla y según él jamás se había topado con un objeto como del que hablamos. Sobre la afección, creo que ya queda comprendido con los dos ejemplos anteriores, pero hagamos mayor hincapié, por el suelo va pasando una cucaracha, entonces Yo tomo este “Algo” que denominamos silla, y cuidadosamente aplastó la cucaracha con ella, el golpe ha sido rápido y certero, además de duro, el pobre animalito ha quedado completamente destrozado, estoy casi seguro que la cucaracha no pensó en la silla y que sus sentidos, por la rapidez del acto, no tuvieron el tiempo necesario para procesar la sensación, pero dadas las circunstancias, y usted no podrá refutarme, que ciertamente la silla afectó a la cucaracha.

En fin, nos relacionamos con ese “Algo”, y la relación no podemos decir que es con una idea, pues se entabló verdaderamente, por todo ello tenemos conciencia de ese “Algo” que está presente, además creo necesario descartar también la conciencia de dicho objeto como causa de su existencia, pues vimos con claridad cómo seres que no tenían ninguna noción de silla, o la tenían limitadamente, por lo tanto tampoco conciencia del “Algo”, se relacionaron verdaderamente con ella, explicando quizá la relación por su capacidades y creándose una realidad diferente a la de nosotros.

La silla existe, entonces, por ende Es, y si Es pues es “Algo”, de esto podemos deducir a medida de mi no perfecta comprensión su forma y su esencia, además claro está, su materia. Pero usted filósofo me pregunta por la substancia de la silla, no queda claro desde el momento en que comprendemos y estamos con la plena certeza de la existencia de la silla, acaso no entiende que mostrar la existencia es mostrar la substancia, pero eso a usted no le basta y sigue cuestionándose dónde está la substancia, y no sé si sólo lo haga por llevarme la contra pero ahora niega la silla misma… pero entonces por qué me invita a sentarme.

marzo 30, 2011

Mujer, torre y viceversa


Mujer que mira a la torre alta - oscura y tenebrosa -, pero ella semejante a estatua, no teme ni a la lobreguez ni a nada que aquel pilar, aparentemente sin entradas, infunde a las demás personas. Los demás le huyen, ella le busca. Los demás esquivan sus ojos, ella firme mantiene los suyos, sin doblarse siquiera un poco, observando el arquitectónico monstruo de ladrillos y cementos.

Hay una historia que no debe ser contada, una razón por la cual esta mujer, a la cual algunos llaman loca (ya usted diga si este adjetivo recae bien o mal en ella, yo por mi parte no me atrevo a juzgar), bien, pues hay una razón por la cual la mujer mira a la torre, en ella hay una ventana y de la ventana una luz sale delicadamente, de inmediato la luz se pierde en la sombra de la noche; muere como un anhelo que jamás se cumple. Adentro, justo en el cuarto donde emana la luz referida, está un hombre preso. Bien sabe ella, que él sufre en exceso, que el dolor que él siente es tan inmenso; desnutrido, enclaustrado, pero la amargura de la ausencia de libertad no es su mayor pena, sino que se encuentra alejado de su bella, de su amada. Así entonces, como único remedio, ella siempre hace guardia observando la torre, imaginando que su presencia y la fidelidad de su amor, ayuda a que éste hombre sepa que su amada (ella) aún lo ama, y que si su condena es perpetua, siendo la muerte la única que rompa sus cadenas, también así será su amor, perpetuo, siendo la misma muerte quien lo pueda interrumpir.

En un calabozo, un tanto alejado de la torre, un tanto alejado de la mujer, hay otra ventana, de ella no emana ninguna luz, por esa ventana hay un hombre que mira, obligado a hacerlo. Sufre como no tienen idea, no por la denigración humana que padece, sino porque su amada, sin algún motivo le ha dado la espalda, y por alguna extraña causa, ella va en espera de la redención de un convicto que se encuentra en la torre – o al menos eso le ha dicho su carcelero -.

(Hay historias que no deben ser contadas).

marzo 20, 2011

Enroque



Fue casi al principio de la partida. Desde entonces para mí no ha existido real acción. Mis compañeros, dos peones que se encuentran colocados un poco más adelante que yo, voltean nulamente conmigo, apuesto que no me escuchan cuando les hablo, apuesto que se han fastidiado de mí. Ah, soy el rey blanco, ¿rey de quién? Soy un rey que se mosquea en un rincón, sin súbditos. Sin esperanza… a lo lejos mi reina, la verdadera ama del tablero, aquella a quienes realmente los otros le son leales, parece tener ya todo planeado, me gustaría, cuanto me gustaría que aquel alfil negro fuera más agresivo, que se animara a atacar, quizá lo haga y entonces yo, patéticamente, me vea forzado a huir, evadirlo, evadir es lo único que sé hacer, sin embargo me causaría gran satisfacción; eso me recordaría que sigo vivo. No creo que suceda, dos o tres movimientos más y los planes de mi reina se verán cumplidos, entonces esto terminará.

marzo 12, 2011

Aullando a la luna



Soy Nómada, y no me das

Ni damas, ni dunas

Ni dinteles o manteles

Para colocar

Curiosamente

Bajo cristales o carteles.


Y qué menesteres

Tengo Yo de tales

Va y vienes

Si errantes

Acompañantes

A mi lado están presentes.


Cosa curiosa,

Ciertamente parece,

Que almas solitarias

De naufragios sobrevivientes

Se reúnan en silentes montes

Bajo las estrellas celestes.


¿Qué alto nombre

Es aquel que las une,

Las reúne

Y alzada la frente

Los mantiene?


Ahora entonan un canto

Ahora llaman a la muerte

Ahora danzan en las nubes

Ahora aúllan tristemente.


Ahora, ahora

Ahora y siempre;

Nómadas sin damas, sin dunas ni manteles

Que felices viven, ahora y siempre.