diciembre 05, 2010

Arena



El mar es tan bello y tan terrible, además que el cielo se ha vuelto su cómplice. La arena me cuenta sus secretos, sus secretos concurridos que nadie escucha, que poco importan… Yo me hundo en la arena, Yo me hundo y me aferro a ella, también me desvanezco y me desintegro con las horas, paso sin gloria entre los dedos de una mano blanca, mano ausente; mano luna. Mano de dama.

El mar me desbarata y me deja enmollecido. Quedo sin huesos, sin fuerzas a la orilla de la nada, los polvos de la arena, como fieles amigos, me cubren el rostro… sanan las heridas.

El cielo es un océano que ah, cómo me aplasta.

Y ante todo esto, siempre es el mismo consuelo: la arena, arena que es movida por el viento, viento que me transporta a otro universo.

Me gusta la arena, porque es tan Yo. Me aferro a ella porque de arena es mi corazón.